
El equipo de LVTradio para El Segundo Café. 26-11-2025
Agradecimientos muy especiales a nuestro compañero Nicolás González.
Un hombre de la Sierra de Cazorla, una amazona de Torredonjimeno y un caballo excepcional se enfrentaron a las ganaderías más poderosas del mundo en Sevilla y regresaron con un título que aún hoy parece un sueño. Esta es la historia de una hazaña forjada en la pasión, el talento y una manzana como recompensa.

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Un campeón del Mundo en La Comarca.
En el corazón de la Sierra de Cazorla, una noticia ha resonado con la fuerza de un hito histórico: un vecino, Enrique Ledesma, y su caballo, Totilas, se han proclamado campeones del mundo. El escenario fue el prestigioso Salón Internacional del Caballo (SICAB) en Sevilla, una cumbre mundial donde las ganaderías más influyentes compiten por la gloria. Para la comarca, el triunfo es un motivo de inmenso orgullo; para su protagonista, una sorpresa que aún está asimilando.
La victoria en el campeonato del mundo de caballos jóvenes de alta escuela fue tan contundente como inesperada. El propio Enrique Ledesma lo admite con una humildad que engrandece su logro: «No me lo esperaba de ninguna manera». La magnitud del éxito es tal que, días después, la sensación de irrealidad persiste. «Todavía es que no terminamos de creérnoslo, la verdad. Parece un sueño», confiesa.
Esta es la crónica de un triunfo que va más allá de la competición. Es el relato de una pasión que nació en la niñez, de la confianza depositada en una jinete con una visión clara y de la conexión mágica con un animal destinado a hacer historia. Es la historia de cómo un equipo de Jaén conquistó la cima del mundo ecuestre.
Los artífices de la hazaña: Pasión, Talento y Conexión.
El éxito en un escenario de élite rara vez es fruto de la casualidad. En el caso de Totilas, es el resultado de una perfecta alineación de tres figuras clave: un propietario cuya vida gira en torno a los caballos, una amazona capaz de ver el potencial donde otros no lo hacen y un animal con cualidades extraordinarias.
Perfil de Enrique Ledesma: Una vida dedicada al caballo.
Enrique Ledesma se define con sencillez como «un hombre de la sierra», un rostro conocido en la zona de Arroyo Frío y Cotorríos. Su afición por el mundo ecuestre no es un pasatiempo, sino una vocación que le acompaña desde la infancia. La chispa se encendió gracias a dos regalos que marcaron su destino: un poni que le regaló su padre siendo muy pequeño y, poco después, un caballo pío de su abuelo. Aquellos primeros lazos sentaron las bases de una dedicación que, décadas más tarde, lo llevaría a lo más alto del podio mundial.
Perfil de Ana Calabrús y Totilas: El dúo ganador.
Si Enrique es el corazón de esta historia, la amazona Ana Calabrús, de Torredonjimeno, es la técnica y la intuición. Fue en su picadero donde Totilas fue domado y donde su talento latente fue descubierto. Ana vio algo especial en él desde el principio. «Le veía muchísimas cualidades al caballo», recuerda Enrique. Pero más allá de la técnica, existía una conexión única, lo que Enrique describe como una «compenetración muy fuerte» entre ella y el animal.
Fue Ana quien, hace un año, le propuso a Enrique dar el salto a la competición. Su pronóstico inicial fue una mezcla de confianza y prudencia que hoy suena a profecía:
«Oye, yo creo que podríamos presentarnos a concursar que, por lo menos, el ridículo no lo vamos a hacer».
Tanto, y tanto no lo hicieron que acabaron conquistando el mundo.
El escenario de los gigantes: compitiendo contra la élite.
Para entender la dimensión de esta victoria, es crucial comprender el escenario: el Salón Internacional del Caballo (SICAB). Este evento, celebrado anualmente en Sevilla, no es una competición más; es el epicentro mundial del caballo de Pura Raza Española, un lugar donde se congregan las ganaderías más poderosas y con más recursos del planeta.
Enrique, Ana y Totilas llegaron allí como aspirantes, enfrentándose a auténticos gigantes del sector. Compitieron contra caballos pertenecientes a las cuadras más renombradas. Este contraste hace que la victoria sea aún más meritoria. Enrique lo resume con una expresión que mezcla incredulidad y orgullo:
«Cuando compites contra todas esas ganaderías que tienen tanta fuerza y tanto poder (…) y de repente tu caballo queda campeón del mundo, dices, ‘Me cachen diez’.»
Aunque Ledesma ya había participado en otras competiciones importantes como Ecumá en Madrid o en Albacete, logrando buenos resultados como cuartos, quintos o sextos puestos, esta era su primera vez en Sicab. Nunca antes había alcanzado un podio de esta envergadura, lo que convierte este triunfo en un hito trascendental en su trayectoria.
La búsqueda de la perfección: la disciplina de la alta escuela.
El título mundial se disputó en la categoría de «caballos jóvenes de alta escuela», una disciplina de enorme complejidad técnica y artística. No se trata solo de la belleza del animal, sino de una demostración de control, sincronización y armonía que roza la perfección. Durante la prueba, jinete y caballo deben ejecutar una serie de ejercicios coreografiados dentro de unos tiempos estrictos.
La evaluación es minuciosa. Los jueces puntúan «muchas pequeñas cosas», desde la precisión de los movimientos hasta la capacidad del caballo para adaptarse a los cambios de ritmo. Uno de los mayores desafíos llega el segundo día, cuando la rutina se ejecuta con música. «Cada vez que la música cambia, el caballo tiene que cambiar de tranco, tiene que cambiar de aire», explica Enrique.
En una competición de este nivel, no hay espacio para el más mínimo fallo. La clave del éxito, según Ledesma, reside en una ejecución impecable. Para ser campeón del mundo, «tienes que hacerlo perfecto, no puede haber ningún margen de error, absolutamente nada». Y el mérito de esa perfección se lo atribuye sin dudar a su amazona: «Ana, pues, lo ha hecho perfecto como ella sabe hacerlo».
Un premio del corazón y el merecido descanso.
Tras la tensión de la competición y la euforia de la victoria, llega el momento de la recompensa. Y para un campeón del mundo como Totilas, el premio no fue un trofeo ostentoso ni una medalla, sino dos gestos cargados de significado y afecto.
El primero vino de la mano de Lucía, la hija de cinco años de Enrique, que lo acompañó en Sevilla. Al ver a su padre tan feliz, su reacción fue pura y sincera. «Papá, ¿le puedo comprar una manzana a Totilas de premio?», le preguntó. Enrique accedió, y fue la pequeña quien, con sus propias manos, le entregó al caballo su dulce recompensa.
El segundo premio, un gesto que demuestra su profundo respeto por el bienestar del animal, fue la decisión de darle un merecido respiro. Enrique confirmó que el campeón disfrutará de «quince días de descanso sin entrenamiento», un premio que valora el esfuerzo por encima de la explotación del éxito. Estos sencillos actos revelan la verdadera esencia de su relación con los caballos, una pasión que va mucho más allá de las medallas y los títulos.
Mirando hacia el futuro desde La Sierra
La victoria de Enrique Ledesma y Totilas es mucho más que un logro deportivo. Es una fuente de inspiración, la prueba de que el talento y la dedicación pueden abrirse paso desde cualquier rincón del mundo para alcanzar la cima. Como él mismo expresó, es una de esas noticias que llenan de orgullo a toda una provincia.
Con la mirada ya puesta en el futuro, el equipo no se detiene. El próximo gran objetivo está marcado en el calendario: el Campeonato de Andalucía, que se celebrará la próxima primavera. Será una nueva oportunidad para que Ana Calabrús y Totilas demuestren su extraordinaria compenetración.
La historia de este campeón nacido en la Sierra de Cazorla es un poderoso recordatorio de que, a veces, los sueños más inverosímiles se cumplen. Solo se necesita la pasión de un niño que nunca dejó de amar a los caballos, la visión de una amazona excepcional y la nobleza de un animal destinado a ser leyenda.
Fragmento de vídeo emitido en el programa Deportivamente:
Audio de la entrevista:

